El pasado 22 de junio comenzábamos un nuevo verano en el Fuentelarreyna. Por delante teníamos muchas semanas de juegos, actividades, excursiones y momentos por compartir, pero lo que no sabíamos todavía era la cantidad de recuerdos que íbamos a construir juntos.
Hoy, 31 de julio, toca cerrar esta etapa y, antes de hacerlo, creo que merece la pena parar un momento y mirar todo lo que hemos vivido.
Durante estas semanas hemos jugado, hemos corrido, hemos bailado, hemos creado, hemos competido y hemos disfrutado muchísimo. Hemos tenido días de piscina, gymkhanas, talleres, juegos, excursiones y un montón de actividades pensadas para que cada día fuese diferente. Pero si algo hemos intentado que estuviera presente en todos ellos ha sido que cada niño y cada niña se sintiera acompañado, escuchado y parte del grupo.
Porque un campamento de verano es mucho más que llenar las mañanas de actividades. Es aprender a compartir espacio con personas nuevas. Es atreverse a participar aunque al principio dé un poco de vergüenza. Es descubrir que podemos hacer cosas que no pensábamos que éramos capaces de hacer. Es aprender a esperar nuestro turno, a escuchar al compañero, a pedir perdón, a ayudar cuando alguien lo necesita y a entender que no siempre podemos ganar. Y también es tener la oportunidad de ser niños. De correr sin mirar el reloj. De inventarse historias. De convertir cualquier rincón del colegio en el escenario de una aventura. De reírse hasta que duela la barriga. De llegar a casa cansados y tener mil cosas que contar.

Nuestra temática de Criaturas y Reinos Mágicos nos ha acompañado durante todo el campamento y nos ha permitido llenar estos días de imaginación. Pero, en realidad, las mejores historias han sido las que han ocurrido entre nosotros.
Hemos visto cómo algunos niños que llegaron con cierta timidez poco a poco iban encontrando su sitio. Cómo se creaban nuevas amistades. Cómo aprendían a resolver pequeños conflictos por sí mismos. Cómo se ayudaban unos a otros y cómo, con el paso de los días, aquello que al principio era un grupo de niños acababa convirtiéndose en un equipo.
Y creo que eso es una de las cosas más bonitas de trabajar en un campamento: ver la evolución. Ver cómo pasan las semanas y aquellos niños que el primer día apenas conocíamos empiezan a formar parte de nuestra rutina. Saber quién necesita un poco más de tiempo para adaptarse, quién siempre quiere ser el primero, quién tiene una imaginación increíble, quién consigue hacer reír a todos o quién, sin hacer demasiado ruido, siempre está pendiente de ayudar a los demás. Cada uno ha dejado su pequeña huella en este verano.
Hemos vivido días especialmente intensos, como nuestra excursión a Buitrago, hemos disfrutado de los días de agua y hemos terminado algunas jornadas completamente agotados, pero felices. Y también tuvimos una noche muy especial: nuestra Noche de Estrellas.
Dormir en el colegio, preparar los sacos, sacar las linternas y compartir una noche diferente fue una de esas experiencias que difícilmente se olvidan. Para muchos niños era algo completamente nuevo y pudimos ver esa mezcla de ilusión, nervios y emoción que hace que estos momentos sean tan especiales.

Pero si hay algo que quiero que los padres os llevéis de este resumen del campamento es esto:
Gracias por habernos confiado durante estas semanas una pequeña parte de lo que más queréis.
Sabemos que dejar a vuestros hijos al cuidado de otras personas no es algo que deba darse por hecho. Detrás de cada niño hay una familia que confía en nosotros para que durante estas horas estén cuidados, seguros, acompañados y, sobre todo, felices.
Y esa confianza es una responsabilidad que hemos intentado cuidar cada día.
Hemos intentado conocerles, entenderles, acompañarles cuando lo necesitaban y celebrar con ellos cada pequeño logro. Porque aunque para nosotros algunas cosas puedan parecer pequeñas, para ellos muchas veces son enormes.
Un amigo nuevo.
Atreverse a participar.
Conseguir algo que no salía.
Superar un enfado.
Animarse a probar una actividad.
Sentirse parte del grupo.
Son pequeños pasos que quizá pasan desapercibidos, pero que también forman parte de crecer.
Y quiero aprovechar también para agradecer a todo el equipo que ha hecho posible este campamento.
Detrás de cada actividad hay preparación. Detrás de cada juego hay organización. Detrás de cada excursión hay muchas cosas que coordinar. Y detrás de cada día hay un equipo de personas que, aunque muchas veces termine agotado, vuelve al día siguiente dispuesto a darlo todo otra vez.

Gracias por la paciencia, por la energía, por las ideas, por la capacidad de improvisar cuando las cosas no salen como estaban previstas y, sobre todo, por el cariño que habéis puesto en vuestro trabajo.
Porque los niños recuerdan las actividades, sí, pero recuerdan mucho más cómo les hicimos sentir.
Y ahora llega el momento de despedir este verano.
El 31 de julio cerramos las puertas del campamento y dejamos atrás unas semanas que, al principio, parecían muy largas y que ahora se nos han pasado volando. A los niños les toca disfrutar de lo que queda de verano, descansar, jugar, viajar, estar con sus familias y seguir haciendo aquello que mejor saben hacer: descubrir el mundo. Y a nosotros nos toca quedarnos con todos esos momentos que han hecho que este verano haya merecido la pena.
A vosotros, las familias, gracias por la confianza.
Y a vosotros, los protagonistas de este verano, gracias por cada risa, cada abrazo, cada ocurrencia, cada juego y cada día compartido.
Espero que cuando recordéis este verano dentro de un tiempo no penséis solamente en todas las cosas que hicimos.
Espero que recordéis lo bien que os sentisteis haciéndolas.
Porque al final, eso es lo que hace especial un campamento.
Que durante unas semanas un colegio deje de ser solamente un colegio y se convierta en un lugar lleno de amigos, juegos, historias y recuerdos.
Gracias por dejarnos formar parte de vuestro verano.
Nos vemos en la próxima.
Felipe (Coordinador del Colegio Fuentelarreyna)